Cada año el primer día de clase, hago una presentación para reflexionar sobre algún tema relacionado con el arte. Este año es especial, porque Mareiras Espacio de Arte, cumple 15 años de vida. En este tiempo, he podido reflexionar sobre cuáles son las patas sobre las que se sustenta la creación artística: el aprendizaje de técnicas, desarrollar una nueva manera de mirar, y el estilo propio ( también podemos decir el mundo poético de cada uno). Para celebrar este cumpleaños, he creído necesrio poner el foco en esta última pata; en una sociedad marcada por la rapidez, la sobreinformación y el estrés, aprender a detenerse y observar se convierte en una herramienta esencial, imprescindible para cualquier proceso creativo.
Así la propuesta que he hecho a mis alumnxs es una reflexión sobre la importancia de estar presentes: ¿cuántas veces al día nuestra mente está realmente en el lugar que ocupa nuestro cuerpo?
Para intentar dar respuesta a esta pregunta, partimos de una «sencilla» práctica: contemplar durante un minuto una obra de Antonio Murado, concentrarnos en un detalle concreto —una textura, un color — sin hablar, prestando atención a lo que ocurre en el cuerpo y en la mente. Después, nos preguntamos: «¿En qué momento se fue tu mente? ¿Qué te ayudó a regresar?». El ejercicio conecta con las investigaciones y divulgaciones de Nazareth Castellanos sobre el funcionamiento del cerebro y la atención, como explica en su vídeo El cerebro de Velázquez.
La mente tiende a divagar. La llamada red neuronal por defecto se activa cuando no estamos concentrados en una tarea concreta y nos lleva hacia los recuerdos, las preocupaciones, las expectativas o los pensamientos sobre nuestra propia identidad. Esta actividad mental no es necesariamente negativa: permite planificar, elaborar experiencias y buscar soluciones. Sin embargo, cuando se convierte en rumiación constante, puede alejarnos del presente y aumentar nuestro malestar.
También hablamos de la amígdala, relacionada con la respuesta emocional y la detección de posibles amenazas. En situaciones de estrés intenso puede reaccionar antes de que seamos plenamente conscientes de lo que sucede. La atención y la conciencia corporal pueden ayudarnos a observar esas respuestas antes de actuar impulsivamente. Como recuerda Nazareth Castellanos, «el cuerpo sabe cosas que la mente aún no conoce».
La figura de Santiago Ramón y Cajal nos permitió acercarnos a la relación entre arte, ciencia y observación. Aunque quiso ser pintor antes de dedicarse a la medicina, Cajal estudió la arquitectura neuronal y defendió que el cerebro es dinámico y puede transformarse. Su afirmación —«todo hombre, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro»— nos invita a pensar en la capacidad de aprendizaje y cambio que también está presente en la práctica artística.
En este sentido, crear y contemplar arte con atención puede convertirse en una forma de meditación en movimiento. Pintar, dibujar, modelar o simplemente observar una obra con profundidad favorece la concentración y puede conducir al estado de flow, esa experiencia de absorción en la que perdemos la noción del tiempo y disminuye el diálogo interior. Es algo que muchos artistas conocen bien: estar tan dentro de una actividad que, al levantar la mirada, descubrimos que han pasado las horas.
La presentación se completó con la figura de Jaume Plensa, a través del programa Imprescindibles, como ejemplo de un artista cuya obra invita al silencio, a la pausa y a la escucha interior. Sus grandes figuras humanas, a menudo ensimismadas y silenciosas, nos recuerdan que el arte puede abrir un espacio de recogimiento en medio del ruido cotidiano.
Estar aquí y ahora no significa dejar la mente en blanco ni eliminar los pensamientos. Significa aprender a observarlos sin quedar atrapados en ellos. Para mis alumnos, esta propuesta fue una invitación a mirar de otra manera: hacia las obras, hacia el propio cuerpo y hacia ese mundo poético e individual que aparece cuando conseguimos permanecer, aunque solo sea durante unos minutos, plenamente presentes.
El arte como puerta al aquí y el ahora
Crear —pintar, dibujar, modelar, escribir— es una de las formas más naturales de practicar la atención plena. Cuando nos ponemos frente al lienzo, el papel o cualquier material, la mente deja de correr entre lo que fue y lo que será para anclarse en lo que está ocurriendo: el trazo que nace, el color que se mezcla, el gesto que se repite, la respiración que acompaña cada movimiento.
En ese espacio, el arte nos invita a vaciar la mente no como un esfuerzo, sino como un efecto secundario de estar realmente presentes. Ya no hace falta “dejar de pensar”; basta con poner toda la atención en la experiencia sensorial del acto creativo: el roce del pincel, el peso del lápiz, la textura del barro, el ritmo de la mano. Poco a poco, el ruido mental se apaga y aparece una calma activa, una especie de meditación en movimiento.
Así, crear se convierte en un entrenamiento para habitar el ahora: un lugar donde no hay que resolver nada, solo estar. Y desde ese lugar, incluso los gestos más simples —una línea, una mancha, un pequeño detalle— pueden convertirse en pequeñas puertas hacia el presente. Comparto con vosotros este vídeo, para animaros a utilizar el dibujo como esa formar de estar presente.
Además os ofrezco la siguiente bibliografía:
1. El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración
Autor: Nazareth Castellanos
Editorial: Siruela (Ediciones Siruela, S. A.)
Año de edición en España: 2026 (edición original 2025)
Colección: El Ojo del Tiempo
2. La liebre y yo
Autor: Chloe Dalton
Editorial: Libros del Asteroide (S.L.U.)
Año de edición en castellano: 2026
Título original: Raising Hare
Traductora: Celia Filipetto
3. La mente bien ajardinada. Las ventajas de vivir al ritmo de las plantas
Autora: Sue Stuart‑Smith
Editorial: Debate (Penguin Random House)
Año de 1.ª edición en castellano: 2021 (15/04/2021)
Traductor: Jordi Ainaud
